Te invito, por un ratito, a desaparecer junto a mi de este mundo, a perdernos en medio de una nada que se convierta en nuestra mayor confidencia. Un espacio dantesco donde el vacio se llene facilmente por el calor de nuestros cuerpos. Vayamos a un infinito a entregar plenamente el corazón, un desierto que nos deje la mente en blanco por varios segundos. Huyamos hacía lo inesperado, viajemos sin rumbo, averiguemos cual es el sabor que tiene la libertad de a dos. Unamos las almas, juntemos las palmas, toma mi cintura, besa mi boca y aprende, tu también, que mi cuerpo ha sido ensamblado para conectarse plenamente con tu figura.
Amame solo un tercio de lo que yo lo hago, asi sabré que tu amor abarca, prácticamente, un universo entero. Extrañame de a montones y montones, solo para encontrarte y saborearte con mayor intensidad. Deseame suavemente, así tu pecho me da la dicha de descansar acurrucado bajo el perfecto relajo que conforman tus caricias sobre mi cabello. Planea mucho, proyecta aún más, tu también sabes que nacimos para complementarnos.
Ni medias naranjas, ni menos limones, solo seres creados para fusionarse, para pensar y amar como uno solo, como un todo excelso, simplemente maravilloso.